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La muela

Hace un par de días me empezó a doler una muela. Ya sabía más o menos que algo iba mal, porque  hace tiempo me diagnosticaron algunas caries en mi dentadura que con el tiempo acabarían dando problemas. El episodio dio pie a un cierto momento de contemplación.

Después de dos días con dolor y analgésicos, y con algo de aprensión, me decidí a ir a un dentista cerca de mi casa (el que me había hecho el diagnóstico hace tiempo). La recepcionista me preguntó si tenía cita y si en ese momento sentía dolor, y fue a consultar al doctor si me podrían atender en ese momento. Me distraje un rato en recepción con la revista “Muy interesante” (parece que lleven toda la vida en las salas de espera de médicos y peluquerías, junto con el Interviu, el Hola y alguna revista de coches). Al poco tiempo una auxiliar me hizo pasar a una salita y me sentó en una impresionante silla de dentista, con una bolsa de herramientas brillantes y esterilizadas, amenazadoras delante mío.

Llegó el dentista y proyectó la radiografía de mi dentadura (tomada en el diagnóstico anterior) en una pantalla grande delante de nosotros. Me explicó brevemente qué le ocurría a mi muela del juicio, y me preguntó si quería que la extrajese. Yo le dije, inseguro, que creía que sí; él dijo que también le parecía conveniente. Le informé que era bastante aprensivo para estas cosas (por lo que pudiera pasar) y comenzó la función.

Todo fue bien, rápido, indoloro, y el resultado final es el que se puede ver en la foto: una parte importante, aunque pequeña, de mi cuerpo, dañada, ineficaz y provocadora de dolor y malestar, ya extraída sencillamente de mi boca. Me acordé de la película Náufrago de Tom Hanks y el tremendo episodio de la muela; reflexioné sobre cómo hasta hace pocos años un simple dolor de muelas o su extracción resultaba un hecho dramático y hasta peligroso. Retrocedí a la Edad Media, al imperio romano y a la Edad de Piedra para imaginarme en una situación así.

Contemplación

Todo lo que nos sucede es oportunidad para pararnos a contemplar. Contemplar es mirar con atención, ser conscientes de lo que ocurre y de qué efectos tiene en mí lo que está ocurriendo.

Yo, contemplando este trozo tan concreto de mi cuerpo, duro, resistente, trabajando incansablemente machacando todo lo que como, volví a pensar en nuestra fragilidad e impermanencia. En tanta gente que pierde partes de su cuerpo, en el paso del tiempo, en el dolor, en el cambio constante de todas las cosas. Y dí gracias  por estos avances científicos y tecnológicos que afectan a nuestro bienestar. Es realmente impresionante las novedades que estamos viendo y que veremos en las próximas décadas en cuanto a tecnología aplicada a la salud. No estamos tan mal.

Te propongo un ejercicio: fíjate con atención en alguna parte de tu cuerpo o de tu personalidad con la que no estés contenta. Mírala con cariño, porque a pesar de las limitaciones que creas que puede tener, es totalmente tuya. Y tú eres valiosa, con todo lo tuyo!

 

 

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