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Qué te nutre?

Qué te nutre? Cómo alimentas tu mente? En la mayoría de las ocasiones no decidimos qué pensamos. De repente nos encontramos en un diálogo silencioso con nosotros mismos, diciendo cosas sobre nosotros, los demás o sobre el mundo, que no sabemos de dónde vienen.

Nuestra mente es creativa. Pero para ese proceso de creación, nuestro cerebro utiliza materiales que ya están ahí con anterioridad. Son ideas, creencias y pensamientos que llegaron a nosotros en algún momento. Tal vez son contenidos que nos llegaron por la transmisión de nuestros padres, o el proceso de socialización y aprendizaje en el colegio. O que nos ha transmitido la cultura o la tribu con la que nos identificamos. O son frutos de horas de lectura, de conversaciones, de televisión o de pantallas y redes sociales…

Alimentación y nutrición

La diferencia entre alimentarse (entendido como la acción de comer), y nutrirse, nos puede servir para este tema.

Ya hace tiempo que prestamos atención a nuestra alimentación. En las últimas décadas hemos sido cada vez  más conscientes de lo importante que es para nuestra salud tener buenos hábitos alimenticios: comemos, metemos en nuestro cuerpo elementos externos que nos construyen y reponen nuestros tejidos, y nos proporcionan la energía necesaria para vivir.

No es lo mismo el hecho de comer que la nutrición. Hay muchos tipos diferentes de alimentos, de sustancias que nos podemos echar a la boca: verdura o carne, chuches o patatas fritas, fruta o cereales, agua o bebidas industriales azucaradas… Pero no todo lo que entra por nuestra boca nos nutre de la misma manera. Unos alimentos nos proporcionan las sustancias que necesita nuestro cuerpo (vitaminas, minerales, proteínas, etc) y contribuyen a su salud, mientras que otros no le ayudan nada e incluso son perjudiciales para la misma.

De la misma manera, es importante que seamos conscientes de lo que nos nutre internamente, a nivel mental, emocional, espiritual. ¿De qué se alimenta nuestra mente? ¿Qué nutre nuestro espíritu? ¿Cuáles son los pensamientos más recurrentes en nosotros, esos en los que nos recreamos durante más tiempo? Esos pensamientos y creencias son las que nos van construyendo internamente. Quizás dejemos demasiado espacio a los pensamientos catastrofistas, a esos guiados por el miedo, el rencor o el dolor de cualquier tipo… O puede que tengamos el hábito de rechazar estos pensamientos cuando nos vemos envueltos en ellos, y acoger otros de distintos colores, que nos dan otras perspectivas de la realidad.

¿Y cuáles son las fuentes de esos pensamientos, que también provocan en nosotros diferentes formas de ver la vida y distintos estados emocionales? Pues unos pensamientos son “propios”, autogenerados por nuestra mente, y otros vienen de fuera, los adquirimos por “contagio” de nuestro entorno, a través de las personas que frecuentamos, de los medios de comunicación, de lo que leemos…

Es importante que, de entre la inmensa oferta de alimentos para nuestra mente y nuestro equilibrio, reconozcamos aquellos que realmente nos nutren, esto es, aquellas actividades o hábitos que nos dan fuerza, paz y claridad interior. Y es igualmente importante que los elijamos, que nos alimentemos de ellos; y que rechacemos aquellas actividades que no nos aportan nada, y en su lugar decidamos hacer aquello que realmente nos nutre por dentro.

Ser (al menos un poco!) conscientes de por qué pensamos lo que pensamos, creemos lo que creemos, o actuamos de la forma en que lo hacemos, es un paso para avanzar en el autoconocimiento de uno mismo.

¿De qué se nutre tu mente, tus emociones?

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